Por segunda vez en poco tiempo tuve la oportunidad ayer de acceder a los canapes en un acto institucional. No me importo mucho que la cosecha no fuera todo lo fructífera que fue en la anterior ocasión (con poco más de dos mini croquetas en el zurrón estuve lejos de hacer el cupo) ya que lo importante era acompañar a un amigo, que porqué no decirlo, se encontraba exultante. Hace unos días hubiera dicho a buen seguro que, se sentía más importante que un ratón encima de un queso, pero tras mi visita del pasado fin de semana a la cuna de del katxiluro voy a reformular el dicho, voy a gustarme, estaba más contento que un palomo encima de un montón de mierda (a las pruebas me remito)
En el acto institucional que tuvo, como no, su momento de autocomplacencia “que buenos somos, que majos somos, que bien nos caemos” intervino un ponente un poco friki que, dejando al margen algunos chistes de dudoso gusto, se destapo con unas reflexiones anticrisis de lo más familiares. “Contra la crisis solo vale pedalear más fuerte y no llorar” decía el orador desde su pulpito.
Tras localizar el porqué de la familiaridad de las palabras no pude sino pensar, ¡que grandes economistas se ha perdido la historia!, si esto lo vengo oyendo desde que era chico cuando nos caíamos del triciclo y mi padre nos decía, “hala chavales, apretar el culo y darle a los pedales”. ¿A ver si como en el legado de Nostradamus, se encuentran ocultas dentro de la sabiduría popular Obanesa las soluciones a los problemas de este mundo? Será cuestión de seguir analizando.



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